En Buenaventura, a trabajador portuario lo afilian como extranjero para no cotizarle a pensión - CUT Antioquia

En Buenaventura, a trabajador portuario lo afilian como extranjero para no cotizarle a pensión

SeguridadEn febrero pasado Luis Hernán Rentería Valencia, ex trabajador portuario, se acercó a la oficina de Colpensiones en Buenaventura a preguntar sobre los trámites para obtener su pensión, pues, según sus cálculos, ya tenía el número requerido de semanas cotizadas y también la edad: 63 años cumplidos.

Pero se encontró con una sorpresa, y al tiempo una desgracia: solo aparecían en el registro un poco más de 600 semanas cotizadas, la mitad de las que creía tener. Al analizar la documentación se encontró que algunas de las operadoras portuarias para las cuales laboró, subrepticiamente dejaron de cotizarle semanas a su pensión. Y él no sabía.

Con un detalle adicional, que hace más aberrante su caso: al analizar la documentación apareció una empresa, Acciones Portuarias S.A., que lo afilió a la seguridad social clasificado como ciudadano extranjero, por lo que solo cotizó a salud y riegos laborales, no a pensión. Esto porque los extranjeros que laboran en el país se excluyen del pago de pensión porque ésta la tramitan en sus respectivos países.

Pero su caso no es de ninguna manera eventual y aislado. Es un caso que retrata de cuerpo entero la explotación laboral a la que son sometidos los trabajadores en los puertos colombianos, y también la ineficacia de la inspección laboral en este importante sector de la economía. Un caso que entre otras cosas se descubrió por azar, cuando un equipo de abogados de la Escuela Nacional Sindical fue a Buenaventura a brindar asistencia jurídica en el marco de una campaña de afiliación sindical. Así que debe haber más casos de engaño deliberado como el que hoy afecta a Luis Hernán Rentería.

Todo empezó hace 20 años

En Buenaventura las pensiones a los trabajadores portuarios se les empezaron a embolatar desde hace más de 20 años, desde cuando la empresa estatal Colpuertos fue liquidada y la operación portuaria quedó en manos de sociedades particulares y el enganche laboral en manos de contratistas e intermediarios, que introdujeron formas nuevas de contratación, informales algunas y precarias todas.

Fue ahí, exactamente en ese cambio de la operación portuaria de lo público a lo privado, que empezó a embolatarse la pensión de Luis Hernán Rentería, quien para el momento en que se liquidó Colpuertos llevaba unos 6 años de labor en el puerto, al servicio de empresas contratistas que le pagaban la seguridad social completa. Pero después ya no fue así. Con la privatización aparecieron las Cooperativas de Trabajo Asociado y el pago de la seguridad social empezó a descuadrarse, pues muchas de estas solo pagaban por salud y riegos profesionales, no por pensión; y no por todo el mes sino por semanas o días, o el tiempo que durara el cargue o descargue de un barco.

En ese mar de informalidad laboral pescaban incluso las llamadas “cooperativas de maletín”, que eran unos tipos que se acreditaban como gerentes de una cooperativa y en cualquier esquina o mesa de café contrataban los trabajadores al destajo, es decir, solo por el trabajo realizado y el salario mínimo pelado, sin prestaciones de ninguna clase, que pagaban al final de cada jornada.

Resultado: decenas de trabajadores envejecidos que hoy no alcanzan a tener cotizadas –ni alcanzarán– las semanas necesarias para obtener su pensión; cargados además de necesidades, deudas y enfermedades.

 “Y la Sociedad Portuaria de Buenaventura ha permitido eso y las aseguradoras de salud también”, se queja Luis Hernán Rentería, tratando de entender lo que ha pasado con su pensión; y con su vida, que tiene bastante complicada, porque su caso es realmente dramático. Su salud está tan deteriorada que ya no puede trabajar, ni siquiera en algún oficio del rebusque. Sufre de diabetes, padece artrosis, tiene un linfoma en la espalda y cataratas en los ojos, por lo que tiene la visión disminuida y debe caminar asistido.

Enfermedades que seguramente adquirió por el desgaste de los 26 años de trabajo ininterrumpido que hizo para varias cooperativas y contratistas portuarios, al sol y al agua, y en jornadas que en ocasiones superaban las 20 horas continuas. Y en diferentes oficios, pero sobre todo de winchero, o sea operando las grúas que en los barcos levantan y trasladan las cargas.

Intermediación “salvaje”

Como se dijo atrás, el caso de Luis Hernán Rentería no es más que una expresión en extremo dramática de la intermediación ilegal y la explotación laboral que se ha dado en los puertos de Colombia, y que Esteban Barboza, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte, SNTT,  califica como “salvaje”.

El directivo sindical explica que en años anteriores el epicentro de esa explotación laboral eran las Cooperativas de Trabajo Asociado, figuras de contratación que, bajo la careta de realizar una actividad cooperativa y solidaria, encubrían la tercerización laboral. Después, con las normas que expidió el gobierno al amparo del Plan de Acción Laboral (PAL) que firmaron los presidentes Obama y Santos como condición para el TLC –plan en el que el portuario es uno de los cinco sectores priorizados–, desaparecieron las cooperativas. Pero surgieron otras formas de tercerización supuestamente formales, que para los trabajadores resultaron tanto o más lesivas que las cooperativas, como las Sociedades por Acciones Simplificadas que hoy dominan la contratación laboral en los puertos.

Así que, a seis años de la implementación del PAL, las condiciones laborales en los puertos no han cambiado. O si lo han hecho no ha sido para beneficio de los trabajadores, que siguen atrapados en las “garras” de contratistas y empresas tercerizadoras, en algunos casos con contratos de palabra y al destajo, por semanas o días. No les pagan las horas que dejan de trabajar por causa de la lluvia o inconvenientes técnicos, tampoco tienen recargo nocturno, ni pago de horas extras, ni dominicales y festivos, ni vacaciones.

En tales condiciones es apenas lógico que muchos trabajadores envejezcan sin cotizar las semanas suficientes para acceder a su pensión, después de haber trabajado toda la vida. El caso de Luis Hernán Rentería lo agrava el hecho de que lo hicieron pasar como extranjero para birlar la cotización a pensión. Una “bellaquería”, término que utilizó Esteban Barboza para calificar este caso.

“Este caso pinta de pies a cabeza lo que son los empresarios de este país. Es un episodio de la olla podrida de la subcontratación y tercerización de miles de trabajadores portuarios”, agregó el directivo sindical, para quien la situación es también resultado de la ausencia de un sindicalismo fuerte en el sector. En todos los puertos del país hay unos 10 mil trabajadores, pero las convenciones colectivas apenas benefician a unos mil.

“De dientes para afuera las empresas afirman que respetan los derechos de libertad y asociación, pero en la práctica los pocos sindicalistas tienen que actuar de manera casi clandestina. Porque la protesta o la afiliación a un sindicato significan el despido por la vía de la no renovación del contrato”, afirma Barboza.

Y al fenómeno de la tercerización y la informalidad laboral se suma la alta tasa de desempleo en Buenaventura, combinación que intimida a los trabajadores y les aleja de los sindicatos por temor a perder el empleo.

¿Qué opciones tiene Rentería?

Para el abogado Francisco Serna, coordinador del CAL Medellín, la única opción que le queda para acceder a su pensión, ya que solo tiene 600 semanas cotizadas, es tramitarla por calificación de invalidez. Pero si no cumple los requisitos para acceder a esta, solo le quedará reclamar el dinero de las 600 semanas que cotizó, sin derecho a pensión.

En eso están hoy las apuestas de Luis Hernán Rentería. A la espera de apoyo jurídico para tramitar su pensión por invalidez, y que ésta por fin le resulte; si es que en el entretanto no se agravan sus enfermedades y ya no tenga ni vida para reclamarla. Ni ojos para verla, porque también está a la espera de que lo operen de las cataratas.

Entre las tinieblas de sus ojos y el dolor de su artrosis avanzada intentará seguir en la brega a punta de ganas de vivir, que –dice– todavía no ha perdido. Y con el apoyo de su familia, compuesta por su mujer, que se encarga de los servicios domésticos y sus 4 hijos (tenía 5, a uno lo asesinaron); apegado a lo que puedan hacer por él su yerno y una de sus hijas, los únicos que tienen empleo en la familia. Porque él no tiene ningún ingreso, solo gastos debido a sus penosas enfermedades.

Y obviamente está desesperado, porque con la pensión embolatada, su futuro, entre las brumas de sus cataratas, lo ve bastante oscuro.

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